
El 8 de octubre se celebra el Día Mundial de la Visión, una jornada que pone el foco en la salud ocular y en la importancia de facilitar el acceso a una atención oftalmológica adecuada.
Aprovechamos esta efeméride y analizamos cómo ha evolucionado la especialidad. En los últimos años, la oftalmología ha incorporado nuevas herramientas de diagnóstico, tratamientos cada vez más específicos y tecnologías que están abriendo nuevas posibilidades en la práctica clínica. Los vemos a continuación.
¿Hacia dónde se dirige la oftalmología?
Prevención ocular: cómo cuidar la salud visual
La prevención en oftalmología parte de conocer los factores que pueden influir en la salud ocular y de actuar sobre aquellos que pueden modificarse en el momento adecuado.
La edad, los antecedentes familiares y determinadas enfermedades sistémicas pueden condicionar el riesgo de desarrollar problemas oculares. Mantener un adecuado control de enfermedades como la diabetes, evitar el tabaco y proteger los ojos frente a la radiación ultravioleta forman parte de las medidas generales relacionadas con el cuidado de la visión.
En la infancia existe, además, un reto específico: la miopía. La evidencia disponible relaciona un mayor tiempo al aire libre con un menor riesgo de desarrollar miopía durante la infancia, por lo que fomentar esta actividad forma parte de las estrategias actuales frente a su progresión.
La prevención no responde, por tanto, a una única pauta. La edad, los antecedentes y los factores de riesgo de cada persona deben determinar el enfoque más adecuado.
Diagnóstico oftalmológico: avances para estudiar mejor el ojo
La evolución de las técnicas diagnósticas ha ampliado de forma considerable la capacidad de estudiar el ojo y obtener información que antes era más difícil de valorar.
En el estudio de la retina y el nervio óptico, la tomografía de coherencia óptica (OCT) permite obtener imágenes de alta resolución de las diferentes capas de la retina y analizar con detalle estructuras como la mácula y el nervio óptico. Los equipos actuales permiten, además, obtener imágenes de mayor profundidad y estudiar estructuras situadas por debajo de la retina, como la coroides.
El estudio de la superficie ocular y el ojo seco también dispone hoy de herramientas más específicas. La meibografía permite visualizar las glándulas de Meibomio y valorar su estructura, mientras que otros sistemas permiten analizar diferentes características de la película lagrimal y de la superficie ocular. Esta información ayuda a identificar qué mecanismos pueden estar detrás de los síntomas y a orientar mejor el tratamiento.
Otras pruebas permiten estudiar aspectos diferentes de la función y de la anatomía ocular. La campimetría analiza el campo visual y es especialmente importante en el diagnóstico y seguimiento del glaucoma. La biometría y la topografía corneal aportan información fundamental para la planificación de determinadas cirugías, mientras que la microscopía especular permite estudiar las células del endotelio de la córnea.
El avance, por tanto, no consiste únicamente en disponer de equipos más sofisticados, que también, sino en a través de ellos obtener información más completa del para en el momento de la exploración y de decidir un tratamiento tomar decisiones mejor fundamentadas.
Tratamientos oftalmológicos: evolución y nuevas posibilidades
Los avances tecnológicos han transformado también la forma de tratar muchas enfermedades oculares. La incorporación de nuevas técnicas quirúrgicas, sistemas de planificación y tecnologías terapéuticas ha permitido mejorar la precisión de determinados procedimientos, ampliar las alternativas disponibles y abordar algunos problemas que hace años contaban con menos opciones de tratamiento.
El ojo seco es un buen ejemplo de esta evolución. Hoy se conoce mejor la complejidad de esta enfermedad y los diferentes mecanismos que pueden estar implicados. El estudio de la superficie ocular permite determinar, entre otros aspectos, el estado de las glándulas de Meibomio, responsables de producir la capa lipídica de la lágrima que ayuda a reducir su evaporación. Esta información permite orientar el tratamiento hacia las alteraciones predominantes en cada paciente.
En determinados casos de disfunción de las glándulas de Meibomio y ojo seco evaporativo, la luz pulsada intensa (IPL) puede formar parte del tratamiento. Su incorporación ha ampliado las opciones disponibles para estos pacientes, siempre dentro de una valoración individualizada y junto con otras medidas terapéuticas cuando son necesarias.
La cirugía de catarata también ha experimentado una importante evolución. La planificación de la intervención puede apoyarse actualmente en equipos capaces de obtener información precisa sobre la longitud del ojo, las características de la córnea y el tamaño de la pupila. La combinación de estos datos permite calcular la potencia de la lente intraocular y valorar diferentes tipos de lentes en función de las características anatómicas del ojo y de las necesidades visuales del paciente.
También han evolucionado las aplicaciones de los láseres oftalmológicos. El láser YAG, por ejemplo, se utiliza de forma habitual para tratar determinadas alteraciones que pueden aparecer después de una cirugía de catarata y recuperar la calidad de visión cuando esta se ha visto afectada. Y en determinados pacientes se emplea también para tratar algunas miodesopsias o «moscas volantes», tras realizar un estudio individualizado para valorar sus posibles beneficios y riesgos.
Estos avances muestran cómo la tecnología ha ido modificando la práctica oftalmológica: no solo permite realizar procedimientos más precisos, sino también disponer de más información antes de tratar, ampliar las alternativas terapéuticas y adaptar las decisiones a las características de cada ojo. El reto está en integrar estas posibilidades con el criterio clínico para determinar cuándo aportan un beneficio real.
Inteligencia artificial en oftalmología: aplicaciones y límites
La inteligencia artificial está adquiriendo un papel cada vez más relevante en la investigación y en la práctica oftalmológica y está especialmente implantada, sobre todo, en el análisis de imágenes y en el procesamiento de grandes cantidades de información.
Ya existen herramientas capaces de analizar determinadas pruebas oftalmológicas y ayudar a identificar patrones asociados a algunas enfermedades. En otros ámbitos, la inteligencia artificial también se está estudiando como apoyo para realizar cálculos complejos, mejorar la planificación de determinados procedimientos quirúrgicos o facilitar la interpretación de pruebas diagnósticas.
Su aplicación podría extenderse poco a poco a otros ámbitos de la atención oftalmológica para hacer más eficientes algunos procesos de las consultas o en investigación, análisis de datos y estudio de nuevas alternativas terapéuticas.
Sin embargo, no todas estas aplicaciones tienen actualmente el mismo grado de desarrollo. Antes de incorporar una herramienta de inteligencia artificial a la práctica clínica es necesario comprobar su fiabilidad, validarla en diferentes grupos de pacientes y conocer sus limitaciones.
El futuro de la oftalmología
La oftalmología seguirá incorporando nuevas técnicas diagnósticas, tratamientos y herramientas digitales. La inteligencia artificial continuará desarrollando aplicaciones que deberán demostrar su utilidad y seguridad en distintos contextos clínicos.
Pero la innovación tiene sentido solo cuando mejora la atención. El objetivo no es disponer de más tecnología, sino de utilizar mejor el conocimiento para prevenir, diagnosticar y tratar, preservando la visión y la calidad de vida de cada paciente.
Por supuesto que la tecnología seguirá avanzando, la IA será una herramienta de apoyo de gran utilidad, pero la interpretación de los resultados y la decisión clínica siguen y deberán seguir dependiendo del conocimiento y la experiencia del oftalmólogo. Así celebramos hoy el Día Mundial de la Visión.




