Las lágrimas de cocodrilo

lágrimas de cocodrilo

En muchas ocasiones hemos escuchado la expresión “son lágrimas de cocodrilo “para referirnos a alguien que llora, pero sin sentir ninguna pena. La pregunta que nos hacemos es ¿realmente lloran los cocodrilos?

¿Los cocodrilos lloran?

Esta expresión viene de la imagen que tenemos de cocodrilos lagrimeando cuando devoran a sus presas. Nos podría incluso hacer pensar que estos depredadores tienen sentimientos que obviamente no poseen.

La explicación está en que los cocodrilos salen del agua para devorar a sus presas que generalmente se acercan a los márgenes de río a beber.  Al salir del medio acuático, los cocodrilos deben activar el lagrimeo para lubricar sus ojos, por lo tanto, se trata de una necesidad fisiológica del reptil ya que una vez fuera del agua debe tener sus ojos lubricados.

Por otro lado, este fenómeno es más llamativo porque al comer se activan las glándulas salivales y en los cocodrilos estas glándulas están situadas muy cerca de las lagrimales, de tal manera que al masticar se suelen activar ambas glándulas a la vez provocando un lagrimeo constante que hace que parezca que el reptil está llorando.

Origen de la expresión lágrimas de cocodrilo

La expresión “lágrimas de cocodrilo” ha sido tradicionalmente atribuida al historiador y ensayista griego Plutarco.

La primera referencia escrita que tenemos citando las “lágrimas de cocodrilo” es del año 1250 del monje franciscano Bartholomaeus De Glanville (1220-1240): “El cocodrilo llora sobre su presa muerta y lo devora”.  Posteriormente en 1284 Bruneto Latini (1220-1295) notario, filósofo y canciller de la república florentina, escribió: “Si el cocodrilo mata a un hombre, se lo come llorando”.

El síndrome de las lágrimas de cocodrilo sí existe

Curiosamente puede producirse algo similar a las lágrimas de cocodrilo en humanos como consecuencia de un traumatismo facial que provoque una regeneración nerviosa aberrante que produce lagrimeo con la masticación. Se denomina síndrome de las lágrimas de cocodrilo y es secuela de una parálisis facial periférica. Lo que se produce es una regeneración aberrante que conlleva que fibras nerviosas que tenían que dirigirse a las glándulas salivales se dirijan de manera errónea hacia las glándulas lagrimales, de esta manera al masticar provocan un lagrimeo en el ojo afectado.

Es un síndrome descrito por Oppenheim en 1913, siendo desarrollado por Bogorad en 1928 que fue el que le puso el nombre teniendo en cuenta el lagrimeo de los cocodrilos a devorar sus presas.

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ALBERTO OLLERO

Clínica Oftalmológica